Ay, Nicolás, Nicolás, lo mucho que te quiero y lo poco que me das



Decía mi primo Andrés en una de sus sabios consejos, que para pelearse con éxito contra alguien, debían cumplirse al menos dos premisas:

Una, tener razón

Y dos: ser más fuerte que tu oponente.

Viene esto a cuento después de ver ayer la toma de posesión de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela. ¿De verdad alguien creía que podría tomar posesión Edmundo González? Este hombre es solo cuatro meses mayor que yo, pero su imagen y actitud es la de un anciano. No es mi caso, de momento.  Edmundo es ahora mismo un vejete con buena voluntad en el sitio equivocado. Bien distinto a la imagen de fortaleza de María Corina Machado, una mujer bragada, pero en un país donde los hombres tienen el poder en apariencia y real.

La primera premisa se cumple en parte. Nicolás aunque solo lo haya votado una minoría, tiene al Ejército de su parte y a una pandilla de apesebrados a su alrededor. Ahora mismo le sobra fuerza.

En cuando a la segunda premisa, es evidente su fortaleza, no solo física, sino que ha dotado de armas a la población civil y contra eso solo vale ser más fuertes y estar mejor equipados que ellos.

Aquí, solo habría sido eficaz que los norteamericanos se hubieran echado palante en un golpe de efecto violento o pacífico, dejándole al mismo tiempo paso a Edmund. Es evidente que no se ha producido,  y a las pocas horas transcurridas desde la toma de posesión, la oposición todavía habla del pueblo unido jamás será vencido, Eso queda muy bien con eslogan a miles de kilómetros. Lo cual  no deja de ser la manifestación más evidente de su debilidad.

Deberían los venezolanos haber visto lo que ocurrió en Portugal el 25 de abril de 1974 . Aquél día no se me olvidará nunca. En la  televisión de un bar en el Albaicín granaino veíamos en directo las imágenes que nos llegaban del pais vecino. El público recibía a los solados con claveles que colocaban en la boca de los fusiles.

Flori, 12 de enero de 2025

Luis Martínez Reche

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