Baby boomers
Baby
boomers
Nuestro personaje de hoy nos
muestra la cara de una persona cubierta con una mitra. No es clérigo ni
necesita presentación, pues su vida pública y privada está presente en
cualquier conversación donde se trate de política, corrupción y mujeres
públicas. Pertenece a lo que se ha dado en llamar la generación del baby boomers. La cual se define
generalmente como las personas nacidas entre 1946 y 1964, durante la explosión de natalidad posterior
a la Segunda Guerra Mundial. Las fechas, el contexto demográfico y los
identificadores culturales pueden variar.
Por su facilidad para
teatralizar y mentir, la indumentaria no hace al monje, ya que mira con fijeza
desafiante en un gesto muy común en él. Es un personaje inquietante si lo
analizamos desde la posición, tamaño y forma de sus rasgos faciales. Mejoraría
bastante si se pusiera en manos de un cirujano plástico experto en la inyección
de botox; rinoplastia en la nariz a la que añadir una intervención
de otoplastia para su pabellón auditivo.
Y así, un retoque por aquí y
otro por acullá nos dejaría a este caballero hecho un pincel. Solo le faltaría
cambiar el alma o una eficaz operación de trepanación del cerebro dada su
propensión al mal.
Debido a su edad es de
suponer que vería durante la primera juventud muchas películas de acción, de
vaqueros, de romanos, donde la armonía de sus facciones eran las de un
individuo definitivamente malvado, si él hubiera intervenido en ellas. En los
films americanos haría de indio, en las de hazañas bélicas sería un japonés con
tendencia a hacerse el harakiri. Los baby boomers sabemos que los
muchachillos de las pelis que he referido eran apuestos mozos de 27 pulgadas de
estatura, cintura flexible como un junco y bellas facciones.
Hace algunos años, pero no
tantos como para que se me nuble el cerebro, vi en el Museo Reina Sofía de
Madrid una exposición, cuanto menos curiosa.
En un gran salón y desde el
techo hasta el suelo colgaban docenas de cuadros que presentaban solamente el
rostro de una persona. La particularidad de los protagonistas es que todos
habían sido condenados por su actividad delictiva. Aquí añadiría que la cara es
el espejo del alma. Contaban, no obstante, que en alguna ocasión el Juez se equivocó
en el dictamen y condenó a unos hermanos como autores de un asesinato cuando en
realidad eran inocentes. El Juez falto de información se dejó guiar por el
rostro de los enjuiciados.
Me quedo con la inquietud de
saber qué habría sentenciado si el supuesto malhechor hubiera sido el de la
foto.
En Flori, a 16 de octubre de
2024
Parece ser que de poco le sirvió escuchar a Raimon, participar en las manifestaciones de estudiantes y pertenecer al partido comunista.
ResponderEliminarO acaso SÍ le sirvió.