Fátima
Fátima
Ayer fue el día ese excepcional que a veces llega y que te
deja un poso emotivo. Lo cuento.
Al lince hembra, le puse el nombre de Fátima por haber
aparecido el día de esa virgen en nuestra casa, por dentro del vallado.
Ayer, cuando empecé a bajar por las escaleras que conducen al
aljibe, vi perfectamente la forma y el color de un lince que desapareció de mi
vista. ¿Una alucinación? Últimamente me ocurren cosas raras, por ejemplo, la
tortuga que me encuentro de golpe cuando estoy a punto de pisarla, o un conejo
que salta de mis pies protegido y callado con la esperanza de pasar
desapercibido.
Hoy no, hoy era un lince, aunque pude pensar en un gato
montés, especie que en donde estamos nunca hemos visto. Sí se ven zorras,
culebras de cierto porte, pero lo del lince fue histórico. Di una vuelta por la
parcela y ya no lo volví a ver hasta una hora más tarde cuando tocaron dos
chicos jóvenes en la puerta buscando solares. Mientras conversábamos pensé
incluir en la información, por lo extraordinario, la novedad de haber visto un
lince. Pero no lo hice.
Cuando ya estábamos en la despedida, el mayor de los chicos,
dijo asombrado y emocionado: “mira, un lince”. Estábamos a menos de dos metros.
Pudimos hacerle algunas fotos, pero pronto desapareció.
El joven, aún emocionado, dijo algo que después repetiría el
forestal que vino después de hacer algunas llamadas a los servicios de
emergencia: “Os podéis considerar afortunados, un lince a tres metros de distancia es imposible de ver”. Son
pacíficos, pero, sobre todo, huidizos.
Hay algo que garantiza su futuro de okupa, no sabemos por
cuanto tiempo, pero es que está en el mejor sitio posible. Una abundante
población de conejos que campan a sus anchas. Gracias, Fátima, te mereces
volver a los altares.
Flori, 15 de mayo de 2024
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Emocionante relato. La naturaleza es siempre generosa, sorprendente y agradecida.
ResponderEliminarTodos los animales me provocan ternura y respeto...salvo LA BICHA.
ResponderEliminarComo se puede ver, y como buena andaluza, soy incapaz de nombrarla por su nombre.
Gracias por vuestros comentarios. La novedad es que Fátima ayer decidió tomar otros caminos en contra del criterio de las autoridades forestales. A veces me pregunto si la tutela de los Estados no se excede en el cumplimiento de sus atribuciones y, en casos como el del lince, no los dejan que vaguen en libertad absoluta.
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