Colegiata de San Patricio. Lorca


El Derby 

 Llegando a la casa, por la Alameda  veo y oigo la voz de mi amigo en la distancia preguntándole a su perro por mí ¿Dónde está Joaquín? Cuando el perro recibe esa orden se activa de inmediato buscándome.  Al mismo tiempo lo veo y lo llamo: ¡Tom! El perro sale disparado a mi encuentro con la boca abierta. Un leve roce con uno de sus colmillos me provoca en el dorso de la mano izquierda una herida. Me doy cuenta cuando nos despedimos al observar el rápido fluir de la sangre formando un reguero delgado, pero continuo. Son las consecuencias del anticoagulante. Me lío la mano con una servilleta hasta que llegue a la casa y pueda hacerme una cura de urgencia. Me pregunto si una herida así puede ser grave por aquello de la antirrábica. Incluso el sudamericano de un bar cercano que me atiende en primera instancia aconseja ir al médico. El perro tiene todas las vacunas y en cualquier caso, le haré un seguimiento en previsión de una infección. Me lavo bien y me pongo un desinfectante. Luego en la casa me curo con mercromina y me protejo con una tirita.

 

Esta tarde-noche televisan el partido de fútbol de la liga entre el Real Madrid y el Barcelona. No tengo suscripciones de esas de pago razón por la que decido ir a un bar donde se puede ver en televisión. De un primer vistazo  veo que no hay lugares cercanos a la pantalla, hay además un ruido de fondo de niños jugando en una habitación cercana.

 

Pronto me hago cargo que la comodidad no será la que presumía que tendría para ver el choque. Estoy a unos ocho metros del aparato. Delante de mí hay una persona mayor sentado en una silla de ruedas y por su aspecto, visto de espaldas, no parece estar en forma como para valerse solo. Una mujer se acerca y le comenta que cuando acabe el partido pasará a recogerlo...

 

 A mi derecha hay cuatro hombres de mediana edad parecidos a otro grupo sentados un poco más atrasados. Los primeros son forofos del Barcelona y cualquier falta del equipo blanco es abucheada, sobre todo si el árbitro no la señala. El otro grupo habla en catalán, aunque no percibo que su conversación sea sobre el partido. Hablan a voces.

 A mi espalda a la izquierda hay un matrimonio donde el hombre no para de toser compulsivamente. Si se detiene  es para decir alguna tontería.. No sé qué es peor. Pide al camarero que le lleve otro vaso de vino. Tiene toda la pinta de estar medio “perjudicado”.

 El señor mayor hace ademán de levantarse de la silla de ruedas para ir a orinar, pero del grupo más cercano se adelanta otro para preguntarle si se apaña solo. Mentalmente repaso los movimientos que debe hacer antes de evacuar y no me salen las cuentas. Contesta sin convicción, –al menos eso me imagino– sugiriendo que llamen a “X”, una señora que al parecer lo cuida. Llega pronto la asistenta, suponemos que es de la familia. Lo lleva a los servicios en la silla de ruedas. Pasado un tiempo prudencial y suponiendo que su vejiga estaba a tope, como no vuelve, ocupo su puesto más cercano a la pantalla del televisor y por tanto favorable para ver mejor y opinar, mudo, sobre los aspectos de un momento deportivo tan importante. Se juegan la Liga. Gana el Madrid 3-2 a los catalanes.

 Hoy hay elecciones al parlamento vasco. Más de lo mismo.

 Todo este rollo de día podría haberlo pasado en mi casa a la que vuelvo igual de maltrecho que salí.

 Flori, a 21 de abril de 2024, buen mes a pesar de todo. Mal día porque nunca llueve a gusto de todos y más si como ocurre habitualmente, nunca llueve. La Lorquina aporta el componente azucarado.

 

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