DEL CORRECTOR Y OTRAS MANUALIDADES

 Toda la tarde de ayer, –y sin verle el final– durante cuatro horas trabajé ordenando las correcciones del libro de FP. Estoy en esa fase, tal cual, del que ha encargado un traje al sastre y está en las últimas pruebas, a falta de detalles, un pespunte, un ensanche de la sisa, un ajuste de cintura, la bragueta en su sitio, obviamente, botones o cremallera, bolsillos profundos delanteros, para que el teléfono no se salga, el “tiro” holgado, el dobladillo del pantalón ni muy alto como lo llevan ahora los modernos, oculto o visible, ni arrastrando, el bolsillito horizontal de las monedas es un detalle que no puede faltar, a cierta edad la parte del pantalón que abraza el trasero, debe quedar ceñido sin presiones ya que la turgencia de los glúteos  pierde su consistencia con el paso de los años. Un exceso le originaria al paquete delantero una incomodidad innecesaria.

 


Así, voy repasando el libro, comas, tildes, puntos suspensivos, participios y sustantivos en el lugar adecuado, –¡Ay el verbo Haber! – que alegren el relato, subrayados no, cursivas sí, ojo con las mayúsculas inapropiadas o al revés, las negritas cuando menos, mejor. La FundéuRAE me manda todos los días vía correo electrónico lo correcto de lo inapropiado, o directamente lo desaconsejable de lo permitido, atendiendo al lema de la RAE: Limpia, fija y da esplendor, en defensa del uso “guay” de nuestra lengua. La tarea es ardua y su empleo justo es muy complejo. Otra vez recurro a lo que manifestó el gran García Márquez en un Congreso celebrado en Latinoamérica hace años, por supuesto antes de morir, vino el Maestro a decir que:  la Lengua Española debería aligerar y sacudirse bastantes complejos en relación con la pureza del leguaje e ir a lo práctico. Entendí entonces que “lo práctico” consistía en escribir como se habla. Ese era y posiblemente es, el debate. Mi traje particular debería seguir este lema: correcto sin meter la pata, elegante y entretenido, que la sensación de ligereza e interés no facilite la cabezada ni el sopor. Que el libro permita una suerte de comunicación y emociones placenteras en tactos y olores, en el continente y en el contenido.

 

Así habló Zaratustra…  en Flori, a 13 de marzo del veinticuatro.


Comentarios

  1. "... Emociones placenteras en tactos y olores..."
    Y así, cerrando el "continente", las sensaciones ajustan correctamente el traje, sacuden complejos y termina la obra a gusto del autor y sus lectores.

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