COSO DE SUTULLENA
Mi blogs recibió con los brazos abiertos el enfrentamiento
a brazo partido con el dichoso teléfono de última generación. Mi hija le echó
un buen rato antes de irnos a tomar el aire. El problema parecería fácil, pero
se le enquistó. Hacer que el teléfono y el ordenador funcionen en armonía no
siempre es fácil. Dicen los que entienden que “eso no es ná”, que eso es como
la gente que echa aceitunas verdes en conserva y le salen como para chuparse
los dedos “Si eso no es ná” dicen en respuesta al elogio. Un puñado de sal, la
piel de una naranja, de un limón, unas ramitas de hinojo, unos cuantos
enjuagues cada dos días… púm, púm y púm… Algo similar si plantas tomates y al
cabo de unas semanas durante su ascenso a los paladares más exquisitos, le
preguntas cómo es posible que salgan parecidos a los que comíamos de niños “Si
eso no es ná” vuelve a repetir el campesino.
El teléfono “echó a andar” anteanoche cuando grababa al demonio montado a caballo y a los tambores percutiendo como si no hubiera un mañana. Hablaba y hablaba desde el interior del bicho la voz de un hombre que retransmitía la procesión del viernes de Dolores. Cuando estaba a punto de coger la maceta –el martillo sin marcha atrás– y darle en el lateral, donde están las cámaras como dos ojos al acecho, la intervención providencial de mi hija le salvó la vida. Eso sí, hacer que uno funcionara y el ordenador estuviera receptivo fue como aparear a dos perros cuando no es el momento. Malditos.
Creo que la imagen viral de esta Semana Santa –y del primer cuarto de siglo– será la del presidente de la CA de la R de Murcia encima de una cuadriga sin cambio de marchas. La verdad es que nuestro “Presi” está poniendo el listón muy alto al resto de los aspirantes hacia las mayores glorias en pos de la profesionalidad política. Aparte de la necesidad, inspirada por una incuestionable vocación, hay que echarle cojones. Tiene juventud, lozanía, atrevimiento y ¿por qué no? una temeridad rayana en la irresponsabilidad. Desde luego que un no deseado accidente habría abierto las páginas de la prensa mundial. Es lo más parecido a la imagen, estática en este caso, de Adolfo Suarez sentado en la bancada del Congreso de los Diputados el día que entró Tejero pistola en mano y dijo aquello, de “Todos al suelo”, y Suarez se lo pasó por su entrepierna.

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