Marchando una de disipación
Ayer termine de leer “la última” de Antoñito Muñoz Molina. Siempre llego expectante y cauto esperando descubrir el tesoro que esconde en su cabeza, esta no podía ser menos, el problema es que yo no he estado nada receptivo…. Joel, cualquiera diría que tendría que haber estado en celo, en el celo compulsivo cuando me enfrento a una nueva obra del ubetense y absorberla como en anteriores ocasiones, ni en eso estoy bien ¡mira! l
Hoy me he encontrado la escalera del revés. Así el mundo no se tuerce.
Los primeros compases me gustan tanto que no me importa copiarlos, luego el tal Antonio se emplea a fondo en los entresijos amorosos y lamento reconocer que mi cabeza no está para bailar la yenka. Hablo de la obra titulada No te veré morir.
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